11/52 Sin prisa para florecer

1/52 El músculo de la magia

Si llevas tiempo leyéndome por aquí, por mis libros, y por el periódico, ya sabes que los anclajes son algo muy importante para mí.

Me di cuenta después de unas cuantas temporadas color hormiga que lo que me mantenían cuerda y semi estable eran mis anclajes. Darme cuenta de que, aunque haya momentos en que todo parece que te hunde, hay cosas que te sacan a flote.

Mis anclajes principales tienen que ver con la seguridad que sentí siempre en casa, y que me daban mis padres. Pasara lo que pasara, casa era casita, como cuando jugábamos al escondite y te librabas de contar y buscar: casita. A lo largo de los años, eso lo he conseguido activando mis anclajes.

Hay uno en concreto que es ver a mamá subir la escalera con un par de ramos de flores, que luego disponía en varios jarrones en la casa. En el mueble de la entrada siempre había un ramo de flores. En la mesa de la cocina, y también en la del salón.

Yo no sabía que esto iba a ayudarme a hacer hogar. Recuerdo cuando me devolvieron a GC por trabajo, y pasé allí cuatro meses metida en la obra, pasando la del pulpo. Cuando por fin pude subirme en el Binter y volver a casa, en mi pisito además de Troylo me estaba esperando un ramo de flores que mamá me puso allí para recibirme.

Las flores me acomodan, me reciben y me alegran.

Las flores impulsan mi florecimiento aunque no me di cuenta hasta hace bien poco.

Allá por el 2020 cuando veía a mucha gente por IG recibir su ramito de flores en casa, me moría de la envidia. No hay envidia buena señoras, lo mío era: yo también quiero.

Y esperé, y seguí esperando. En noviembre de 2023 me fui a Lanzarote con un montón de mentoras a planificar mi 2024. Allí dije que ya que nadie repartía flores por suscripción en Fuerteventura, lo haría yo. No por deseo de tener otro emprendimiento, sino porque yo quería flores en casa cada mes, y porque quería darle difusión a lo que esto supone y lo mucho que te alegra la vista, el día y la casa. En diciembre del mismo año, fui a un taller de corona de Navidad a Lanzarote nuevamente. Le conté a la profe mi idea, y obviamente ella no esperó a que yo se la presentara mucho más. En enero del 2024 ella lanzó su suscripción, y aunque hizo un intento por traérmelas aquí, la suscripción me duró dos meses porque no hubo forma de que un repartidor mantuviera las flores bien.

En enero 2025 me cansé de esperar a que otro me hiciera el mandado, lie a mi hermana la chica, y desde ese mes estamos repartiendo flores. Más de 300 ramos hemos repartido. Las dos solas.

Este fin de semana, repetimos en el Mercado Al Palique y volvimos a llenar el mercado de flores frescas y de primavera.

Mi amiga Sara me mandó esta foto cuando estaba acomodando los ramos que ya habíamos vendido y que dejamos en agua hasta que las compradoras volvieran de sus compras. El nivel de cansancio no supera el nivel de felicidad que experimenté este fin de semana.

Además, llevé también mi primer diseño de punto de cruz. Hecho kit listo para ponerte a bordar. Me quedó 1 sin vender de los 12 que llevé. Lo que ha sido un duro golpe para la impostora que pretende minarme el camino cada vez que se me ocurre ponerme a crear cualquiera de estas cosas.

He aprendido muchísimo de todo lo que cada ramo ha supuesto. Desde elegirlo a confeccionarlo, y sobre todo de la felicidad que me da verle la cara a quien lo compra para sí misma o para regalar.

Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que han pasado seis años desde que tuve la necesidad de tener flores en casa cada mes, tres desde que pensé que podía hacerlo, y uno desde que lo estoy haciendo.

Este proyecto ha necesitado todo este tiempo para florecer, y eso me ayuda a verme y a dejar de exigirme. Me meto en una espiral de impaciencia y quiero las cosas para ayer, y no me doy cuenta de que yo misma soy como una semilla de estas flores que repartimos. Yo también necesito tiempo para florecerme. Esta primavera floreceré un poco más, no tengo dudas y, ahora, tampoco prisa.

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