12/52 Decidir y confiar

1/52 El músculo de la magia

Se me están pasando los días sin postear, y eso no me gusta mucho.

Realmente no es desidia, ni tampoco falta de ganas, es más bien un impedimento técnico.

Normalmente, mis musas tienen a bien visitarme por la mañana, bien temprano, cuando les llega el aroma del café. Atendiendo a su visita me propongo escribir, y ahí es cuando la tecnología se conjura en mi contra, y el teclado de pc, se niega a obedecer, poniéndome los nervios más allá del estado recomendable.

Parece que hoy se está portando.

He estado tejiendo bastante.

Por enésima vez he deshecho la manga de la FLS. Ahora mismo estoy haciendo una al tiempo que deshago la otra. Hasta ahora ningún tejido se me había atragantado tanto. En medio, he terminado los swapetines, me he hecho un gorro para mí (el primero), y un par de manoplas, que me encantó tejer. Seguro que repetiré.

Sigo leyendo vampiros.

He pasado el fin de semana pensando y hablando sin parar. Con visita a Ikea, y otros sitios de similar interés. Llegando la Primavera, sigo sin entender que la gente vaya a pasear a centros comerciales.

He saldado una cuenta pendiente, que no sabía que tenía.

He vuelto a mis clases de chino, y también he encontrado clases de danza del vientre, creo que me voy a dar de nuevo a mover el michelín.

Y esta semana, después de demasiados años, he escrito una carta, pero lo asombroso es que la he mandado.

 

El 23 de marzo de 2009 escribí esto en mi blog. En este mismo blog que está en un sitio diferente a donde estaba pero que sigue siendo lo mismo.

Yo hoy venía pensando en ciertas constantes de mi vida e hilando pensamientos, tuve la curiosidad de qué estaría yo pensando/haciendo ese año.

En 2009 yo estaba en Gran Canaria, y tengo el año grabado en mi memoria porque fue la temporada que más lluvia viví. Llegué a la isla el 3 de enero y estuvo lloviendo cada día, CADA DÍA, hasta finales de mayo. No te quiero contar las miles de vivencias que tuve con el coche en la obra, con aquel fanguerío constante que no se terminaba de secar, porque no paraba de llover.

Con bastante alegría y sorpresa descubro que las musas me llevan visitando bien temprano desde hace mucho tiempo. Una de mis grandes constantes.

Sigo preguntándome las mismas cosas: por qué se pasea en los centros comerciales. Me acuerdo de la cuenta que saldé, y también de las clases de chino. Del desastre de la clase de danza del vientre que no lograba seguir porque no escuchaba a la profesora, y por lo que me desapunté después de la clase de prueba. Dejé de bailar por aquel entonces, suerte que lo recuperé no hace tantos años. Recuerdo cómo disfruté de la saga Crepúsculo y cómo se quedó dentro de mi cabeza el sueño de hacer algo así: Crear un universo. 

Leyéndome he hecho una especie de balance de las decisiones que fui tomando en aquella época. Algunas han marcado profundamente el sitio y la forma en la que estoy hoy. Supongo que cuando las tomé no tenía ni idea de la trascendencia que iban a tener.

Creo que esto es una de las cosas a tener en cuenta: pensar que nada es tan importante y que casi todo se puede desdecidir, te garantiza cierta ligereza en el asunto. No hay nada peor para decidir que la presión de que te estás jugando los cuartos. Yo decido fácil y me resulta cómodo porque una vez que decido no miro lo que no escogí y porque tengo una confianza firme y férrea, inquebrantable, en que el resultado siempre va a ser el mejor, aunque tarde mucho tiempo en verlo.

No me había dado cuenta de esto hasta ahora que me he puesto a reflexionarlo. Mi mérito no está en haber tomado buenas decisiones, ni siquiera en haber decidido cualquiera sabe qué, el mérito es que he confiado. En mí, en la vida, en las circunstancias.

Durante un montón de tiempo sentí que no confiaba, que me costaba confiar, las cicatrices te hacen ser cauta y desconfiada. Por eso me compré aquella lámina de Lucía Be, y la planté en la pared de mi estudio desde que llegó, ni marco le puse. Sigue sin él.

Ahora lo entiendo. Ahora, que miro hacia atrás y los puntos se han unido. Yo confío. Y confío bien. Seguiré haciéndolo. Y para ti, que igual no las tienes todas contigo: confía, verás que sí. Verás que todo se pondrá bien.

2 comentarios en “12/52 Decidir y confiar”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio