1/52 El músculo de la magia

1/52 El músculo de la magia

Hoy te escribo desde mi blog, el de siempre, el que abrí en 2004. Bienvenida.

Y hoy es Día de Reyes y eso es sinónimo de magia, y da igual la edad que tengas.
Y aunque durante años este está completamente asociado a rituales, al roscón y a mucha tradición. La operación roscón se inició con éxito el día 2 porque el día 3 estuve yo toda ocupada en el mercadillo Al Palique, con las flores. Así que adelanté trabajo.

Este año hice un ritual que se va a convertir en tradición: el de los 12 deseos del solsticio de invierno. Doce papeles escritos a mano, con calma. Doce intenciones formuladas con respeto, no desde la carencia sino desde la escucha.

La liturgia es sencilla —y por eso poderosa—:

  • Cuatro deseos van a la olla, para ser quemados. Son los que no me corresponden controlar. Los entrego.
  • Cuatro deseos van a una maceta, para ser cuidados. Son procesos lentos, vivos, que necesitan tiempo.
  • Cuatro deseos van a un bote, cerrado, guardado, esperando su momento.

Y todo esto se hace a ciegas. Procurando que los papeles estén doblados lo más parecidos posibles para que no te hagas trampa.

Escribí mis deseos y me enfoqué en dos temas principalmente: salud y trabajo. Proyectos y aspiraciones. Y cuando llevaba 11, por compensar, escribí un deseo “social”.

El día 1 de enero abrí el bote y saqué un solo papel. Ya sabes cuál salió, ¿verdad?

Ese deseo es el que va a marcar mis próximos tres meses. No como una exigencia, sino como un faro. No hago listas infinitas: hago foco. Y luego sostengo.

Y podría recalcular y dejarlo olvidado. Pero no, yo me comprometí con el ritual desde el principio, y siempre que hago cualquiera de estas “magias”, me digo: me rindo al mensaje. Y acato lo que quiera que salga. Porque si no, ¿sería una magia un poco de pacotilla? Crédula sí, tramposa, no.

Este ritual formó parte del reto 3C que trabajamos en diciembre —claridad, conciencia y comienzo—, y está íntimamente ligado al curso Planificar con conocimiento, que sigue activo para quien sienta que necesita menos ruido y más dirección serena.

(La información está disponible, sin urgencias ni fuegos artificiales, para cuando resuene.)

En paralelo, hay otra capa de magia que me acompaña cada mañana.
Estoy leyendo Encantamiento, de Katherine May, como parte de mi mañana milagrosa. Leo despacio, con una taza caliente cerca y la sensación clara de que ese rato no es negociable.

La autora se hace una pregunta que me acompaña desde hace días:

¿Cómo vamos más allá del crudo conocimiento de nuestra época desencantada para volver a acceder a la magia que antes encontrábamos en todas partes?

No tengo una respuesta cerrada, pero sí una certeza:
yo tengo facilidad para encontrar —o fabricar— magia en casi cualquier cosa. Y me esfuerzo conscientemente por no perder esa capacidad.

Porque el asombro es un músculo.
Y como casi todos los músculos, si no se usa, se atrofia. Pero si se ejercita, te lleva muy lejos, y te hace muy feliz.

Vestir la mañana de ritual, escribir deseos a mano, quemar papeles, plantar intenciones, leer con devoción, planificar con sentido… no son extravagancias. Son actos de resistencia suave en un mundo que nos quiere apresuradas, productivas y desconectadas de lo simbólico.

La magia no siempre es espectacular.
A veces es simplemente prestar atención.

Que este año —y este espacio— vayan de eso.

2 comentarios en “1/52 El músculo de la magia”

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